martes. 23.04.2024
CONSCIENCIA-INCONSCIENCIA

Consciente e inconsciente

* Por Ana María Oliva - Doctora en Biomedicina

* Habitualmente denominamos inconsciente a esa parte de nuestra vida mental que, si bien condiciona casi toda nuestra vida cotidiana, pasa inadvertida para nosotros, y sobre la que no tenemos control, o al menos, no depende de nuestra voluntad que aquello ocurra

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El otro día, durante una clase de bioenergía, surgió el tema del inconsciente.

Habitualmente denominamos inconsciente a esa parte de nuestra vida mental que, si bien condiciona casi toda nuestra vida cotidiana, pasa inadvertida para nosotros, y sobre la que no tenemos control, o al menos, no depende de nuestra voluntad que aquello ocurra.

A menudo se suele comparar con un iceberg, del cual solo vemos una parte (sería la mente consciente) pero que tiene muchísimo más por debajo del agua, sumergido (sería la mente inconsciente). Esta imagen nos habla de lo que no vemos, de lo que está oculto, si queremos llamarlo así “la sombra”.

En el inconsciente se procesa la información, las señales, se interpreta la realidad dependiendo de los filtros que tengamos, de las creencias, y eso genera las emociones que sentimos. En el inconsciente es donde se guardan las experiencias pasadas, donde tenemos la memoria profunda, que nos permite más adelante relacionar cosas, y por tanto, pensar por nosotros mismos. En el inconsciente están aquellos patrones en función de los cuales tomamos decisiones, la motivación y, tal vez, también la intuición.

Sin entrar en Freud o Jung, me resulta muy interesante que tomemos consciencia del inconsciente. Aunque parezca un juego de palabras. El inconsciente es el que nos protege y nos mantiene con vida. Tal vez podríamos llamarlo la sabiduría innata. El inconsciente es el que nos hace interpretar la realidad de forma que, ante una situación, sentimos miedo o pasión, nos quedamos quietos o salimos corriendo, decidimos quedarnos o irnos.

Cuando te acercas a una estufa caliente y retiras la mano involuntariamente de forma casi inmediata, decimos que es una respuesta inconsciente. ¡¡Qué interesante!! Porque en ese caso, la “mente consciente” era la que no se daba cuenta de nada, mientras que la “inconsciente” era la que estaba atenta a todo lo que pasa. ¿te das cuenta de la contradicción? ¿Será que necesitamos redefinir también esto?

Más allá de esa anécdota que me parece muy significativa, podemos darnos cuenta de dos cosas: por un lado, hay una parte de nosotros que cuida de nosotros y nos mantiene vivos. Le llaman inconsciente, y se encarga de que quites la mano del fuego, de que tu corazón lata a la velocidad que le hace falta, e incluso que no puedas controlar tu respiración por demasiado tiempo. Se encarga de todas tus funciones vitales. Se encarga de avisarte si estás en peligro, de darte la información que necesitas a cada momento… pero la llamamos inconsciente porque no estamos atentos a ello a cada instante. No estamos atentos a lo que hacen nuestras células y no controlamos ningún proceso fisiológico porque si no, no podríamos hacer nada más en la vida. Por suerte, nuestro maravilloso inconsciente (en este caso yo lo llamaría sabiduría de nuestras células) se encarga de todo ello.

Nuestro inconsciente tiene también muchas memorias grabadas, cosas que no recordamos (si no, no estarían ahí), cosas que nos marcaron, lo llaman “nuestra sombra”, lo que no reconocemos, lo que nos traumatizó, lo que nos impusieron  y aceptamos como verdades, lo que hemos negado (no por voluntad, sino por supervivencia), lo reprimido… y también todos los potenciales latentes que no hemos desarrollado. En ese inconsciente no hay juicio, no hay lógica, no puedes razonar con él, no le sirven las explicaciones, no entiende los chistes ni el sarcasmo, no tiene ni bueno ni malo y no está limitado al tiempo, es un eterno presente. Aquello que te sucedió de niño, sigue ahí en puro presente, sin lógica y sin juicio, como una parte de ti. Las heridas del alma están ahí también.

Todo eso está muy bien como explicación. Mi pregunta ahora es ¿y cómo hago para que esas creencias que están ahí no sean una limitación en mi vida? ¿Cómo hago para sanar esos traumas? ¿para cambiar mi forma de entender la vida? ¿para no pelearla con mi inconsciente?

Ahí es donde la cosa se pone interesante, porque para poder modificar algo del inconsciente, necesitamos traerlo a la consciencia. ¿Y cómo hacemos eso? Hay muchas técnicas diferentes, casi todas ellas pasan por poner la mente racional en stand-by y operar con una mente trans-racional. La meditación, los sueños, el arte, la introspección, un diario… todo ello nos puede ayudar a conocer mejor esa parte de nosotros que toma el control la mayor parte del tiempo.

Si te interesa este tema, tal vez te interese ver la propuesta que Tito Alafita tiene para nosotros: un trabajo práctico y directo para ver ese inconsciente y modificarlo para que podamos llevar una vida con mayor plenitud.

Consciente e inconsciente